• La Meditación Tradicional (atención sin elección)

Esta práctica la he extraido del libro: “El despertar del corazón budista, integrar el amor y la conexión en las relaciones personales” de Lama Surya Das. Es una práctica que os recomiendo encarecidamente, pues es una de las claves para dejar de ser reactivos y empezar a fluir más con los acontecimientos que nos suceden en nuestra vida, nos ayuda a ser plenamente conscientes, a ir viendo las cosas como son, de una manera más ecuánime, sin extremos, equilibrada. Además nos ayudará a conseguir niveles de conciencia y de percepción más elevados, esto es muy importante por ejemplo para la práctica de Reiki, sobre todo para el Reiki tradicional japonés, que como sabéis requiere de una sensibilidad y una conciencia intuitiva.
Practicad esta meditación cada día y os aseguro que notaréis los cambios y si no, ya me diréis…
-

LA MEDITACIÓN TRADICIONAL (ATENCIÓN SIN ELECCIÓN)

La meditación nos prepara para retornar a la simplicidad, mediante el estar atentos a lo que es esencial y dejando ir lo que es superfluo. Es un instrumento de inconmensurable valor en nuestras vidas, complejas y afanosas, a la hora de aprender lo mucho que todos hemos de dejar ir. No estoy hablando solamente de las posesiones terrenas; hablo de actitudes, de comportamientos, de hábitos, de resentimientos sobre el pasado y también de sueños fantasiosos sobre el futuro. La meditación nos ayuda a liberarnos de nuestras reacciones impulsivas, y de las respuestas que damos tanto a las personas como a las sitúa iones. Nos prepara para liberarnos de nuestros apegos al pensamiento discursivo y a la identificación del ego, que nos hace percibir todo como si estuviera unido al “mi” o al “mío”. Podemos aplicar estas lecciones a todo cuanto hacemos.
Digamos que tu esposa/so te recibe esta noche quejándose de que no has cumplido con tu parte de las tareas domésticas. Tu reacción inmediata puede ser defensiva: quizá te sientas enojado y malentendido. Aquí es en donde resulta de ayuda la meditación. Los principios de la atención meditativa, debidamente aplicados, te proporcionan la herramienta para ser consciente del “enojo” sin que este actúe. Tú puedes tener el sentimiento, pero tal sentimiento no te obliga a que sueltes una coz de inmediato.
Puedes escoger simplemente el darte cuenta de ese enfado, sin tener que juzgar si es bueno o malo. Simplemente, es. Esto es lo que se conoce como “atención sin elección”. Esto quiere decir que tu te das cuenta de lo que está sucediendo si que tengas necesariamente que hacer un juicio o establecer preferencia. No tienes por qué reaccionar. Esto te concede tiempo para que puedas observar el cuadro en visión panorámica, te concede tiempo para recordar sus intenciones y propósitos más elevados; te da el espacio que necesitas para que puedas decidir y escoger cómo has de actuar. En esos pocos segundos, puedes tener un pensamiento completamente diferente y más compasivo, como por ejemplo: “mi esposa/so debe estar verdaderamente cansada/o”. Si respondes a tu esposa/so con empatía, con cuidado y con compasiva preocupación, en vez de enfado, estarás creando un energía mejor y más positiva y también una mejor relación.
La meditación nos ayuda a prolongar nuestro tiempo de reacción. De este modo disponemos de uno o dos segundos más antes de responder. Po ejemplo, esta mañana Francisco llegó a la oficina y comprobó que su jefa, Freya, estaba furiosa con él. Al parecer, el ordenador se había vuelto a estropear y la frustración de Freya se revolvió de forma irracional contra Francisco. Hace algunos años, Francisco se sentiría muy afectado por la falta de delicadeza del genio de Freya. En esta ocasión es posible que haya vuelto a sentirse machacado de nuevo y nada tendría de particular que cayese en un vórtice de sentimientos que lo llevaran a reaccionar de forma inmediata. Ahora, sin embargo después de varios años de practicar la meditación, no se siente impelido a reaccionar bruscamente. Tiene dominio sobre sus respuestas. Puede tomarse su tiempo para tomar una decisión consciente sobre lo que quiere decir y cómo, cuándo y dónde ha de decirlo. Frank se siente lo suficientemente consciente como para dominar la situación; sabe que no tiene por qué reaccionar. Tal vez deje que Freya grite, tal vez se largue, tal vez se limite a suspirar, a respirar profundamente y relajarse. Francisco dispone de distintas elecciones porque ha conseguido dominar sus reacciones. De este modo es capaz de dominarse a sí mismo.
Yo trato siempre de adoptar una visión más meditativa y consciente respecto de los comportamientos interpersonales. He aprendido que debo cuidarme de no pensar en ellos como si fueran algo que debe solucionarse rápidamente. No podemos tratar las relaciones con dictámenes tan estrictos como: “No diré ni una palabra, me morderé los labios”. Esta forma tan tajante no funciona muy bien. Es algo tan irreal como las resoluciones que se toman por Año Nuevo, y que en el fondo, están pidiendo que se las rompa e incumpla. Es mucho mejor tratar de cuidar sencillamente cierto tipo de atención interna que permita mantenernos en contacto y al día con nuestro yo interno y con nuestro estado de ser, momento a momento.
Obsérvate, simplemente. Permanece atento. Date cuenta de cómo reaccionas con los demás, procura tener una tener una atención sumamente cuidadosa con todas sus interacciones y procura darte cuenta de cuáles son los impulsos internos que están siendo activados. Advierte cómo nacen esas reacciones habituales, reflejas ya a menudo inconscientes, identifícalas y déjalas ir. Comprueba si al obrar así puedes establecer una visión más amplia y abierta con sus relaciones, comprueba si logras hacerte más inteligente, hábil e imparcial. El obrar así no quiere decir que tu ya no volverás a mostrarte enojado o resentido nunca más, quiere decir que puedes canalizar emociones tales como el resentimiento y la ira de forma más eficaz. Por ejemplo, está bien que al enfadarnos nos demos cuenta que hay ciertos pasos entre la ira que surge interiormente y la conversión de esa misma ira en agresión externa. Emociones como la ira son pura energía emocional. Podemos intervenir entre la experiencia de la ira y la manifestación de esta.

INSTRUCCIÓN:

Detén lo que estés haciendo; detén lo que estés pensando, ponte cómodo y relájate.
busca tu equilibrio. Si estás sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo, coloca las piernas de manera que estén bien acomodadas. Si utilizas un cojín, ajústalo a tu gusto. Si estás sentado en una silla, apoya bien tus pies en el suelo. Si estás de pie, deja que tu cuerpo esté bien asentado.

- Mantén la columna derecha y tu cuerpo relajado
- Deja caer los hombros
- Afiánzate en el momento presente
Deja que tu energía fluya, también que tus pensamientos fluyan y respira, todo de forma natural
Recógete, ven al hogar del momento presente, llega al lugar al que has de llegar, siéntate en el momento presente
Inspira, expira
Cuando inspires, concéntrate en la inspiración. Cuenta uno
Cuando expires, concéntrate en la expiración. Cuenta dos
Cabalga en tu respiración, deslízate en tu respiración, deja que tu mente descanse en la tranquila, simple y regular ola de la respiración.

Pon atención a lo que estás sintiendo. Observa las sensaciones físicas que experimenta tu cuerpo. Observa las sensaciones de tus hombros, de los pensamientos que suben como burbujas hacia la superficie de tu mente. Obsérvalos ir. No trates de expulsarlos ni te dejes prender en ellos. Sigue respirando. Concéntrate en la inspiración. Concéntrate en la expiración y deja ir.
Concéntrate en el momento presente. Mantén tu atención en lo que vas percibiendo momento a momento: un ligero dolor en el hombro, el sonido de un avión que cruza el cielo, las voces apagadas de la televisión del vecino que te llegan a través de la pared, el siseo de un radiador. No suprimas tus percepciones, sentimientos o atención; observa simplemente lo que está sucediendo y deja que se vaya disolviendo a medida que surge un nuevo momento. Mantente despierto; permanece alerta; presta atención.
Inspira… expira. Concéntrate. Déjate ir con cada respiración; no la contengas. Deja ir los pensamientos; no los retengas… observa tus pensamientos; obsérvalos y déjalos ir. Si el ruido del avión rompe tu concentración, ponle una etiqueta imaginaria que diga “sonido” y déjalo ir. Si baja la temperatura de la habitación, etiqueta esa sensación “frio” y déjalo ir. Deja que se vayan las preocupaciones; no te agarres a ellas. Deja que se vaya cualquier intento de controlar la mente; no te agarres a él. Con cada expiración, déjate ir un poco más.
Esto es meditación.
Como meditadores, nos entrenamos en la conciencia meditativa. A esto le llamamos atención. Digamos, por ejemplo, que mientras estoy meditando siento un picor en el dedo gordo del pie. Soy consciente de lo que siento en este momento. Es suficiente con que seas consciente del picor del dedo. No tengo que hacer nada al respecto. Puedo dejarlo ir… Ser consciente de ello, y dejarlo ir. Este es el significado del dejar ir.
En nuestra práctica, primero aprenderemos a meditar en silencio, lo más tranquilamente posible en nuestra habitación, en la meditación silenciosa resulta relativamente fácil reconocer y ser conscientes de los pensamientos, emociones y condicionamientos que se introducen e interfieren en nuestra concentración. Y cuando hayamos dominado eso, ponemos en práctica esas lecciones en el mundo exterior.

VEAMOS AHORA ESTA PRÁCTICA DE ATENCIÓN EN CUATRO PASOS COMO FORMA DE MANEJAR TUS EMOCIONES:

DATE CUENTA DE LO QUE SIENTES
No rechaces ni ocultes lo que estas sintiendo. Date cuenta sencillamente de cada sentimiento que surge y llámalo por su nombre, como si le estuviéramos poniendo etiquetas: ira, orgullo, celos, codicia, lujuria, irritación o desagrado…

EN LUGAR DE RECHAZARLO, ACUNA EL SENTIMIENTO CON AMOR Y ATENCIÓN: ABRÁZALO CONSCIENTEMENTE
Reconoce el sentimiento por lo que es; simplemente, un sentimiento que está surgiendo. No te enojes contigo ni con el sentimiento, pero tampoco permitas que te domine y te arrastre.

UTILIZA LA ATENCIÓN DISCRIMINADORA PARA REFLEXIONAR SOBRE LO QUE ESTÁS SINTIENDO
Analiza y examina el sentimiento. ¿Has tenido una reacción impulsiva? ¿Está justificado tu sentimiento? (quizá sea una respuesta razonable).

COMPORTATE DE UN MODO INTENCIONAL Y SABIO
Decide sabiamente cómo has de reaccionar a lo que estás sintiendo en ese momento. Recuerda que no importa lo fuerte que pueda ser tu sentimiento presente, porque nada permanece igual. Ese sentimiento cambiará y otro tomará su lugar. Teniendo eso en mente, trata de ver con una perspectiva amplia; utiliza la inteligencia espiritual y la comprensión de la ley de causa y efecto para hacer la elección adecuada a la hora de actuar.
Cuando manejamos conscientemente nuestros sentimientos, nos volvemos emocionalmente más estables, seguros y dignos de confianza. A través de la fuerza de la introspección, nuestras respuestas se vuelven más equilibradas y se hallan más en línea con lo que está sucediendo.

Dicho esto, pienso que es importante que no nos presionemos demasiado. El alcanzar este nivel de conciencia conlleva todo un proceso. No hemos de ser demasiado impacientes ni idealistas a la hora de querer alcanzar un nivel de perfección y de mente equilibrada. Cuando nos vemos inmersos en situaciones muy comprometidas es difícil que no reaccionemos de forma impulsiva. Por ello, pienso que es una buena idea que nos veamos, tanto a nosotros como a los demás con compasión, paciencia, sensibilidad y delicadeza.

Helio Corbí
Textos: Lama Surya Das
Comments